Mundo de relatos

¡Sí, créalo!

Por el hermano iniciado Wessel Van Leeuwen, Ciudad del Cabo, Sudáfrica (Originalmente en inglés)

        Mi esposa y yo regresamos recientement de Hermanus, Sudáfrica, donde visitamos a nuestro hijo que vive en la Villa Camphill, una comunidad para discapacitados mentales que realiza cultivo orgánico. Aquellas personas que asistieron al retiro de Ciudad del Cabo en diciembre de 1999, cerca de Habonim Campsite, podrán recordar el sabor del pan horneado y abastecido por Camphill...

        Más abajo hay algunos detalles que conocí durante mi visita a Camphill, los cuales no deberían sorprendernos, pero que de nuevo confirman lo que nuestra amada Maestra siempre nos enseña.

        Dawn, la dama encargada de Camphill, no estaba allí cuando lo visitamos, pero estaba su hijo mayor Marc (18). Le pregunté si algún otro huésped había visitado Habonim, a lo que replicó: "Sí, pero no del mismo tipo". Con natural curiosidad, le pedí que ampliara su comentario. Esto fue lo que me dijo.

        Dijo que, aunque su madre sabía que había varios miles de personas en el lugar durante el retiro, ella nunca sintió que hubiera más de cien, porque "todos ustedes" estaban muy callados, se comportaban bien y esparcían un sentimiento de paz. No escuchó ningún grito ni voces altas durante el día o la noche. ¡Lo que en realidad impresionó a Marc cuando regresó a casa al final del retiro, fue lo que había quedado atrás! El lugar de acampar se había dejado impecablemente aseado, limpio y ordenado. Y eso no fue todo.

        "Era el ambiente general", dijo Marc. "¿Cómo puedo explicarlo? Digamos que había un campo de energía positivo, una sensación de paz, de calma y tranquilidad... No sé cómo describirlo. Era muy agradable. Esto desgraciadamente ahora se fue. Todo lo que puedo decirles es que durante unas seis semanas nos sentimos muy felices, calmados y contentos. Nuestros perros también estuvieron más apacibles y obedientes.

        Dormimos con nuestras puertas y ventanas totalmente abiertas. Nos sentimos a salvo y seguros. Mi madre no comió nada de carne ni de pollo durante esas semanas y fumó una tercera parte menos. Todavía fuma, pero menos; y sólo de vez en cuando come un trozo de pollo. Todos nosotros leemos los libros de la Maestra y de veras, esto es diferente, muy diferente, y lo sentimos".
¿Pueden creer esta historia? ¡Sí! No sólo porque es verdad, sino también porque ilustra muy claramente lo que nuestra amada Maestra siempre nos ha dicho: que podemos cambiar al mundo con una meditación diligente y concentrada.

 
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