Los
científicos han concluido, a partir de datos experimentales,
que si se realiza la misma acción diariamente por cuarenta días
seguidos, se convertirá en un hábito. Lo mismo es verdad
al comer carne, beber y fumar. Inicialmente esto sucede por uno o dos,
o tres días, pero un mes después, se vuelve un hábito.
Muchas otras cosas toman un curso similar de la misma forma.
Leí
recientemente en un reporte en un periódico, sobre una niña
de diecisiete años que es una experta entrenadora de serpientes.
La visión de las serpientes nos puede llenar de miedo, pero esta
niña duerme y come con ellas todos los días. Las mantiene
cerca, abraza no sólo a una, sino a docenas de ellas, todas a
la vez y algunas son mortales. Pero ella está acostumbrada a
ellas, porque su padre la alimentaba con algo de veneno de serpientes
en lugar de leche cuando ella estaba recién nacida (La Maestra
ríe). Cuando creció, esto se convirtió en un hábito.
Ahora ella ha desarrollado tan fuerte inmunidad al veneno de serpientes
que las mordidas de las serpientes no le quitarán su vida.
Las
serpientes son sus constantes compañeras. Permanecen muy cerca
de ella y la jovencita sostiene a veces sus cabezas en su boca. Las
serpientes se deslizan sobre su cara besándola y lamiéndola
y a veces, ante su deliberada provocación, la muerden hasta que
ella sangra. Si el veneno es demasiado, ella lo succiona y lo escupe.
Ella no puede dormir a menos que haya disfrutado algunas mordeduras.
¿Pueden creer que alguien tenga semejante hábito? Pero
es una historia verdadera.
Eso
es común entre los criadores de serpientes, a quienes también
les llaman artistas. Puede ser raro, pero es un arte de cualquier modo.
Hay muchos artes extraños en el mundo; entre más raros
son, se vuelven más populares. En contraste, la gente normal
como yo no son muy conocidas (la Maestra ríe). La forma en que
ella está vestida dice que esta mujer tiene sólo diecisiete
o dieciocho años, pero ya es una experta entrenadora de serpientes
en su vecindario. Ella realiza el arte como una forma de vida. Ella
ha crecido así, acostumbrada a las mordeduras de las serpientes
desde la infancia, que pierde el sueño si no ha sido mordida.
Sin embargo, la gente le tiene miedo porque ella se ha vuelto tan venenosa
como estas criaturas. Éste es un hecho. Ella lleva una vida solitaria.
Considera que quizás ningún hombre tenga el coraje para
casarse con ella.
Cuando
ella toca o juega con los perros, gatos o pájaros que se le acercan
ocasionalmente, estos caen muertos tan pronto como ella los aruña
accidentalmente. De la misma forma en que somos envenenados cuando somos
arañados o heridos por animales, esta joven causa la muerte a
los animales cuando ella los araña, porque ella está llena
de veneno. Hasta sus uñas son venenosas. ¡Esto es muy espantoso!
No es su sangre o el veneno que expulsa su cuerpo, lo que infecta a
los animales. Ni que ella los muerda hasta que sangren. ¡No! Los
animales mueren de los simples arañazos. Esto ha ocurrido varias
veces. Así que la gente le tiene mucho miedo. Afortunadamente,
sin embargo, ella dice que nunca ha herido a un ser humano.
Es
bueno para ella que su inmunidad haya aumentado durante los muchos años
que ha pasado en compañía de las serpientes, pero su cuerpo
tiene que tener suficiente toxina para desarrollar ese tipo de inmunidad.
Es como inyectar una toxina en la forma de gérmenes (una vacuna)
en nuestra sangre para que así nos volvamos inmunes a una enfermedad,
es decir, combatir veneno con veneno. Lo mismo es verdad para esta jovencita,
quien ha absorbido veneno de serpiente, ya fuera a través de
la alimentación oral o inyección, desde que era una bebé.
Su papá la entrenó para ser una experta domadora de serpientes
desde la época en que ella era una niña, manteniéndola
en la compañía cercana de las serpientes, de la forma
en que nosotros lo estamos con los perros y los gatos.
Las
serpientes son inofensivas y no son agresivas, dice ella. Aunque ellas
atacan cuando se les perturba, usualmente ellas son inofensivas. Ella
les permite a menudo a las serpientes morderla y se va a dormir sólo
después de disfrutar unas pocas mordidas. ¡Qué horroroso!
Aunque se succiona el veneno es demasiado para ella, todavía
le queda una pequeña cantidad en el interior de su cuerpo. Tal
toma diaria y el veneno de la serpiente que ella ha absorbido desde
la niñez, la ha convertido en una serpiente venenosa. Un rasguño
de ella, aunque sea sin intención, es suficiente para matar a
un animal. Éste es el resultado de desarrollar una inmunidad
a las serpientes, así como nosotros sobrevivimos volviéndonos
parecidos a las personas con las que queremos estar. La única
diferencia entre esta joven y una serpiente es que ella sabe que nunca
mordería o heriría intencionalmente a otro ser humano,
mientras que las serpientes no.