La Maestra cuenta una historia









Esa es la costumbre en la India, correr siempre al asiento de los santos. Ellos creen que los santos son como el árbol de madera de sándalo, que transfiere a todos los árboles alrededor la fragancia de la madera de sándalo. Si, esto es verdad.

 

Expuesto por la Maestra Suprema Ching Hai,
Ashram de San José, Costa Rica, 2 de junio, 1991
(Originalmente en inglés)

Reubicándose por amor al niño

En china había una historia acerca de Meng Tzu. Meng Tzu era un hombre muy sabio de China, uno de los santos. Pero él tuvo una madre santa, así que por eso es.

Cuando él era un niño su casa estaba cerca de un matadero que mataba animales. Por lo tanto él iba a ver a la gente que mataba los animales. Cuando regresaba a la casa, él empezó a atrapar todos los animales pequeños, como las ranas, los gatos y los perros. Y también comenzó a matarlos, porque él imitaba lo que había visto.

Los niños lo imitan todo ya sea bueno o malo. Yo no lo hice. Yo no imité. Yo recuerdo a muchos de mis primos y los niños de los vecinos, ellos siempre iban y atrapaban los pájaros los asaban y se los comían. Y mataban todo tipo de insectos, convirtiéndolos en sus juguetes. Yo nunca hice esto. Eso nunca me gustó. Pero la mayoría de los niños imitan las cosas ya sean buenas o malas.

Así que cuando la madre vio que el niño había desarrollado ese hábito tan malo debido a la influencia del vecino, se mudó de casa por él. Ella dijo: “Este no es un buen lugar para mi niño”. Ella era una madre santa. Y ellos no eran ricos. Creo que ella estaba sola. Su marido no estaba, tal vez estaba muerto. Ella sola criaba a su hijo como tejedora, tejiendo tela. Era muy pobre y no ganaba mucho dinero tejiendo tela. Aún así sacrificó su tiempo, energía y dinero por su niño. ¿Pueden imaginarse lo santa que era? Por eso es que digo que ella era una madre santa. Y en la Antigua China, cambiar de domicilio no era fácil. No había transporte, ni nadie que pudiera ayudar, solamente la madre y el niño. Pueden imaginarse lo difícil que habría sido eso.

Así que ella se mudó a otro vecindario. Un tiempo después, descubrió que su niño venía a su casa todos los días gimiendo y llorando, haciendo una ceremonia para los muertos. Él hacía una ceremonia funeraria todos los días. Y después ella descubrió que vivían muy cerca de una funeraria; de ahí era donde él lo había aprendido. Así que ella dijo, “Este no es un lugar para mi niño”.

Ella se mudó de nuevo, por tercera vez. Entonces por fin, se mudó cerca de una escuela, donde enseñaban sobre Confucio y todas las enseñanzas de los santos. ¡Y el niño regresó a la casa comportándose como un santo! Él tenía los modales de un erudito y el pensamiento de un santo -muy educado, muy noble y muy santo. Así que la madre dijo: “¡Estupendo!, este es el lugar para mi niño”.

Y después cuando el niño creció lo suficiente, por supuesto, él fue a la escuela. A él le gustaba ir a la escuela. Él dijo, “¡Me gusta esto!” A él le gustaba ser como los eruditos, así que fue a la escuela. Pero por alguna razón un día él llegó a estar harto de la escuela. Probablemente su profesor lo regañó, o su compañero de cuarto no fue amable o él era haragán. Así que se fue a la casa a dormir, en medio de sus clases. Él no quería regresar más a la escuela.

>>

eNoticia Suscribir en-línea

Los suscriptores recibirán el último e-compartimiento, así como Proverbios seleccionados, "Perlas de sabiduría", etc.

Noticias No. 126
Contenido