
Todavía
puedo recordar cuando formé parte del grupo de cocina en el Retiro
Internacional de Sudáfrica en 1999. Después del retiro,
algunas iniciadas y yo nos ofrecimos voluntariamente quedarnos un día
más, para ayudar a limpiar la cocina. Cuando el trabajo de limpieza
estaba casi terminado, de pronto un hermano vino a informarnos que se
necesitaba ayuda para empacar los muebles de la Maestra y cargarlos
en un camión. Un gran grupo de hermanas se ofreció a ayudar
ávidamente, pero el hermano, sintiéndose muy apenado,
dijo: "No creo que puedan moverlo; ¡es un sofá grande!"
Sin embargo, al observar el ansia en nuestros rostros, no tuvo corazón
para rechazarnos y aceptó que ayudáramos. Entonces, un
gran grupo de hermanas se apresuró con emoción a ayudar
a cargar los muebles. Aunque el sofá grande fue muy pesado de
cargar para nosotras, por lo menos varias de nosotras pudimos mover
juntas otro sofá más pequeño. Todas encontramos
algo que llevar, incluso ollas y floreros. Nuestra única preocupación
fue que no pudimos ayudar lo suficiente.
En ese
momento, el poder de bendición y la recompensa bendita derivados
del trabajo no eran de principal importancia para nosotras. Aunque
todas nosotras comprendemos que la Maestra está constantemente
con nosotros, todavía anhelamos estar más cerca de Ella.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que la Maestra tiene que cuidar
físicamente a muchísimos discípulos, así
que sólo podemos expresarle nuestro amor y apoyo a través
de nuestras acciones. Al haberme unido al grupo de cocina en Sudáfrica,
si bien es cierto que no pude asistir a todas las sesiones de meditación
ni escuchar todos los discursos de la Maestra, aún así,
después del retiro, me fui a casa completamente llena del amor
de la Maestra.
Al hacer
trabajos mundanos, es muy difícil no hacer un cálculo
de las ganancias personales. No obstante, podemos ver con frecuencia
una cooperación incondicional entre nuestros compañeros
practicantes. Cada vez que estoy angustiada por el trabajo mundano
trivial y los obstáculos, siempre pienso en los dulces momentos
que pasé con la Maestra, y así mis complicaciones gradualmente
desaparecen. En particular, recuerdo el honor de levantar el sofá
después del retiro de Sudáfrica, aunque sólo
fuera una de sus patas. Este recuerdo siempre me llena completamente
de una fuerza motivadora para encarar nuevos desafíos. 