Esta
es una historia que proviene de la India. Una vez un maestro iluminado
le pidió a su discípulo renunciar al mundo y unirse
a su orden monástica. Sin embargo el discípulo dijo
que su esposa, padres y hermanos todos lo amaban mucho y él
no podría renunciar a ellos. Su partida traería un dolor
insoportable para su familia. Bueno, déjame mostrarte
cuanto te aman tus miembros familiares, le dijo su maestro.
Juntos llegaron al hogar del discípulo. Entonces
el maestro le dio al discípulo una píldora y se escondió
afuera pretendiendo ser un extraño. Después de tomar
la píldora el discípulo se volvió como un hombre
muerto, sin latidos del corazón o respiración. Su cuerpo
se torno tieso y frió. Los miembros de su familia rompieron
en lagrimas, llorando e implorando a Dios salvarlo, pero sin resultado.
De pronto el maestro entró y les dijo a ellos,
Puedo salvar su pariente. Escuchando esto ellos se tornaron
muy felices. Ellos se postraron y le pidieron que no desperdiciara
tiempo en salvarlo. Pero hay un requerimiento, el maestro
dijo. Para que él sea revivido, una persona debe morir
en su lugar, por que esta es la ley de causa y efecto. Si lo levanto
de la muerte, entonces tengo que morir por él. ¡Pero
yo no soy su pariente! Él es su pariente. Ya que ustedes lo
aman mucho, ustedes deben estar muy felices de morir por él.
Yo solo soy un transeúnte. ¿Cómo puedo morir
por él? Así que si uno de ustedes esta dispuesto a morir
por él, puedo traer inmediatamente su alma. Como nosotros no
podemos trascender la ley karmica de la causa y retribución,
un cambio debe ser hecho.
Ninguno de sus familiares estuvo dispuesto a morir
por él. Ellos encontraron muy buenas excusas. Si yo muero,
¿Quién se encargara de este hogar? Si yo
muero, ¿Quién se encargara de este negocio? Aunque
la esposa del discípulo lo amaba mucho, y rodándose
sobre el piso lloraba desesperadamente, ella respondió ¡No,
no! Si yo muero no habrá nadie que se encargué de mis
dos hijos. Entonces ellos dijeron, Oh bueno el hombre
ya esta muerto. Entonces déjenlo así. Solo déjenos
enviar el cuerpo para la cremación. Escuchando eso el
discípulo se levanto inmediatamente y dijo. ¡Aun
no estoy muerto! Entonces él dijo adiós a su familia
y se fue con su maestro.
Hay muchas historias como esta. Algunas veces cuando amamos a alguien,
o cuando alguien ama alguien más, siempre hay algunos aspectos
de imperfección. Usualmente nosotros no amamos a otros hasta
el punto de olvidarnos de nosotros mismos, o hasta el punto de tener
la voluntad de morir por ellos.
Por lo tanto, con ciertas cosas, sin experiencias
personales nosotros no sabemos la verdad. Nosotros solo percibimos
las apariencias externas las cuales no son correctas.
Las ataduras que sentimos por este mundo no son lo ultimo. Es mejor
que ya no tengamos que regresar, por que no importa que tan profundamente
estemos atados, después de un rato aun tenemos que irnos. Así
que es mejor que nos preparemos de antemano, y al momento de nuestra
partida, irnos para siempre. De otra forma la próxima vez regresaremos,
y estaremos atados otra vez. Y estaremos atados uno con otro. Después
de un rato tendremos que irnos una vez más. Otra vez nuestros
familiares sentirán gran dolor. Por eso, es mejor irnos definitivamente,
sin ninguna necesidad de regresar otra vez para molestar a otros.
Este también es un acto de piedad filial. ¿No lo creen
así? (Audiencia: Si).
Es de esta forma entre esposo y esposa. Después
de un rato cada uno va por su propio camino. Ya que ambos se sienten
tan atados y miserables en el momento de la separación, no
lo repitan. Por lo tanto debemos estar preparados espiritualmente.
Es mejor irse de una manera bien definida. No regresen otra vez a
actuar de nuevo estas dolorosas escenas. De otra forma, seremos miserables
y así será con la otra persona. ¿Qué bien
nos haría a nosotros?