Esta es una historia llamada “El ciervo dorado”. Hay muchas historias
“doradas” aquí dentro (la Maestra se refiere al libro que está leyendo)
pero solo elegí ésta. No se por qué; tal vez me gustan los ciervos.
Esta es la historia de uno de los nacimientos previos de Buda. Cuando
escuchen de algo que sea “dorado”, se refiere a Buda. Así que no tengo
necesidad de presentárselos.
Mucho tiempo atrás, hubo un hombre de negocios muy rico que vivía
en Benares. Tenía solamente un hijo cuyo nombre era Mahadanaka Ananda.
Esto significa una persona que solo sabe de dinero. Es un nombre muy
malo. Porque “Ananda” quiere decir felicidad. O sea que tal vez encontraba
felicidad solo a través del dinero, o quizás fuera un sobrenombre.
Desde que era joven, sus padres lo malcriaron mucho, porque era hijo
único. Por lo tanto creció sin otro conocimiento que el de cantar,
bailar, darse festines y divertirse con sus amigos a costa del dinero
de sus padres. Cuando llegó a la mayoría de edad, sus padres le encontraron
una esposa. Luego, al poco tiempo murieron. Y después de sus muertes,
el joven pasaba todo su tiempo, los días enteros, bebiendo y apostando
con sus ociosos compañeros “buenos para nada”.
Como resultado, el dinero de su padre pronto se desvaneció, y el
muchacho se vio forzado a pedir prestado dinero a otras personas,
pero no tenía medios para cancelar sus deudas. Nunca había sabido
cómo trabajar para ganar dinero ni cómo guardarlo. Quizás no se le
enseñó a ser ahorrativo. Tal vez sus padres tuvieron culpa también,
porque debieron haberle enseñado cómo ser un ser humano y no solo
a ser el hijo de una persona acaudalada.
Como les debía dinero a muchas personas, éstas venían constantemente
a su casa y lo presionaban. El joven comenzó a desesperar, lleno de
temor y preocupación, sin saber qué hacer. Finalmente, se decidió
por un plan de acción. Estaba muy, muy deprimido y desesperado, así
que llamó a sus acreedores y les dijo que tenía un tesoro enterrado
cerca de la orilla del Ganges. Si al día siguiente se reunían con
él, podrían ir y buscar juntos el tesoro. Y así, podría cancelar todas
sus deudas con ellos.
Todos accedieron contentos y lo siguieron a la orilla del río. Él
intentaba buscando aquí y allá, y todos lo seguían, aun cuando estaban
perplejos por lo que él hacía. Pero en realidad, este sujeto planeaba
suicidarse; todo era nada más que una representación. Cuando llegó
a un lugar del río donde la corriente era muy rápida, se arrojó a
las aguas. Horrorizados, los demás se quedaron mirando, impotentes.
Nadie se atrevió a rescatarlo porque el agua corría vertiginosamente.
Cuando vieron que ya había desaparecido por completo, los acreedores
volvieron tristemente a sus hogares. Pensaron que se habría ahogado
y estaría muerto porque había sido arrastrado muy, muy lejos por la
corriente tan fuerte. Y como no lo vieron por ninguna parte corriente
abajo, se marcharon. Pero su cuerpo inconsciente corrió rió abajo
y pasó junto a una arboleda en flor y un bosque de árboles de mango.
Un ciervo, que era muy hermoso y de pies ligeros, vivía allí, alejado
del resto de la manada. Su piel brillaba como oro bruñido y sus patas
se veían como si hubieran sido lustradas con laca. Sus cuernos eran
cual espirales de plata y sus ojos destellaban como gemas preciosas.
El venado se encontraba mordisqueando algunas tiernas hierbas de
pasto, cuando escuchó unos gritos desesperados resonando por el bosque.
Corriendo abajo hasta el borde del río, vio al desafortunado hijo
del comerciante luchando en el agua. Inmediatamente gritó: “¡Espera!
¡No tengas miedo! Allí voy a salvarte”. Así, se sumergió en el río
y nadando en contra de la fuerte corriente, alcanzó al hombre. Lo
cargó sobre su lomo y lo llevó de regreso a salvo hasta la orilla.
Pero el hijo del mercader estaba muy exhausto y se desplomó. Por
tres días y noches estuvo inconsciente y el venado lo cuidó y alimentó
con frutos silvestres. Cuando se recuperó, el ciervo le dijo: “Ahora
te conduciré fuera del bosque y te mostraré el camino a Benares. Pero
te pido un favor. Por favor, no le digas al rey ni a ninguno de sus
nobles que un ciervo dorado vive en este bosque. Porque vendrán aquí
y tratarán de cazarme si lo saben”. El hijo del comerciante así lo
prometió y el ciervo lo dejó en el camino a Benares.
Esa mañana, la Reina Kama, esposa del Rey de Benares en ese tiempo,
tuvo un sueño. En el sueño, ella vio a un ciervo dorado que hablaba
con voz humana. Y pensó para sí: “Seguramente debe existir un animal
como este. De otro modo, no hubiera soñado con él”. Se acercó al Rey,
Brahmadatta. Le contó su sueño y le dijo que deseaba poseer tal animal.
Si no era así, moriría.
Este es el ardid de la mujer. Ella moriría tarde o temprano de todas
formas, así que ¿Cuál era el gran problema? Pero el rey, como la mayoría
de los hombres en este planeta, era también muy estúpido. (Risas)
Él tenía miedo de que su esposa realmente muriera. Si ella moría por
el rey, eso sería muy comprensible. Pero si moría por un ciervo, sin
importar cuán dorado fuera, sonaría gracioso. (Risas). Así, el rey
se tragó el ardid. De todos modos, eso es solo para hacerles saber
que ustedes no son los únicos que son estúpidos, y quién es el que
realmente manda en la casa. Aun en los tiempos de Buda era lo mismo.
Así que no sé por qué las mujeres de hoy malgastan su tiempo, con
manifestaciones y dando discursos por los derechos de las mujeres
y la igualdad de la mujer. Las mujeres nunca han sido iguales a los
hombres. ¡Son superiores a los hombres! No sé quien debería estar
peleando por igualdad. Así que díganles a todas esas estúpidas mujeres
que paren. No nos degraden. Somos superiores, ¿para qué están luchando
por la igualdad? (Risas)