El Fuego Templa al Oro
- El Viaje Espiritual
de una Hermanita
Narrado
por la hermana Songsong,
Tago, África Occidental
Recopilado por un mensajero Quan Yin
Cuando era pequeña, mis padres me enviaron
a vivir con mis parientes y abuelos debido a su trabajo, así
que tuve una infancia solitaria y sin residencia fija. Para cuando
mis padres enviaron por mí para vivir con ellos en el extranjero,
yo ya había desarrollado un temperamento inestable. Era egocéntrica
y rara vez pensaba en los sentimientos de otras personas. No sabía
cómo cuidar a otros y a menudo me encerraba en mi habitación.
Era muy difícil para mí el llevarme bien con los demás
y apreciar o comprender el entorno que me rodeaba.
Sin embargo, luego de que mi madre se inició,
sentí un cambio dentro de mí a través del grandioso
poder de bendición de la Maestra y de la amorosa preocupación
de los compañeros iniciados. Abrí mi corazón
al mundo exterior, encontré esperanza en mi vida, y ansiosamente
le formulé a los compañeros iniciados muchas preguntas
sobre la Maestra y la práctica espiritual. El concepto del
cultivo espiritual comenzó a crecer profundamente en mi interior,
pero mi padre no entendía, y se opuso a mi contacto con los
compañeros iniciados. Una vez, encolerizado, arruinó
una foto de la Maestra. Me sentí tan mal por las acciones de
mi padre que me arrodillé sola en mi habitación para
arrepentirme ante la Maestra por su ignorancia. Mis lágrimas
cayeron antes de que fuera consciente de ellas, pero sentí
una calma y una paz que nunca antes había experimentado. Nunca
antes había meditado, ni tampoco había querido hacerlo.
Pero en esa oportunidad, naturalmente crucé mis piernas para
meditar. La Maestra parecía estar recordándome que practicara
espiritualmente, ¡y me hallaba sorprendida y exaltada!
A partir de ese día, experimentaba diarrea
o perdía la paciencia cuando comía comida no vegetariana.
En mayo del 2000, cuando mi madre regresó del retiro en Corea,
toda la familia fue colmada de intangibles bendiciones y me decidí
a adoptar la dieta completamente vegetariana. Pero antes de que mi
padre accediera a que me iniciara, tuve que practicar primero el Método
Conveniente. ¡Tal vez fue una prueba de Dios para mí!
Las dificultades provocadas por mi padre fueron sólo estímulos
para mi crecimiento.
El trabajo de mi padre lo mantenía a menudo
fuera de la casa, pero él regresaba con frecuencia a vernos,
lo cual creaba fuertes tensiones e incluso discusiones, especialmente
sobre mi dieta vegetariana y la práctica espiritual.
A medida que pasó el tiempo, mi deseo por practicar
espiritualmente se hacía más fuerte. Sabía que
no podría recibir la iniciación si no podía mantener
una dieta vegetariana, y rechazaba la carne que mi padre trataba de
forzarme a comer. Inmediatamente, estallaba una discusión familiar.
Temía ir a la mesa cenar, pero persistí en mi dieta
vegetariana sin importarme cuánto intentara obligarme mi padre
para abandonarla. Le expliqué que debíamos ponernos
en el lugar de aquellos animales que iban a ser sacrificados. ¿Cómo
podíamos hacerles algo tan cruel? Aunque mi padre deseaba hacerme
cambiar de parecer porque me amaba, yo estaba decidida, y le rogaba
a la Maestra siempre que podía para que pudiera tener una jornada
sin inconvenientes hacia la iniciación. De esta manera, logré
librarme de un contratiempo tras otro.
Finalmente, mi padre perdió la paciencia y
me abofeteó dos veces en la cara, pero no sentí ni odio
ni miedo. Por el contrario, estaba aún más determinada
a pelear por mi noble causa. Entendí que la violencia externa
o las presiones podían causar dolor físico, pero no
podían afectar mi resuelta determinación. Estas bofetadas
de mi padre me trajeron mucho dolor, pero no se podían comparar
con el sufrimiento de los animales antes de ser sacrificados. Mi padre
no me entendía, ni yo lo entendía a él. Sinceramente
esperaba que la situación mejorara pronto a través de
mi diligente práctica espiritual. Después de todas estas
luchas, finalmente superé mi cobardía y mi encerramiento
y me torné lo suficientemente valiente para expresar y realizar
mis anhelos internos. ¡Esta feliz experiencia estuvo más
allá de las palabras! Toda vez que pasaba por este tipo de
prueba, miraba las fotos de la Maestra en mi habitación y sentía
que Ella más y más me sonreía feliz y bellamente.
Maestra, ¡continuaré progresando!
Al fin, recibí la iniciación que tanto
había deseado. Gracias al ilimitado amor de la Maestra, me
sentí muy entusiasmada y la persona más feliz del mundo.
Antes de iniciarme, había preparado una foto para mi tarjeta
de identificación, pero no me gustaba. Después de la
sesión de iniciación le pedí al mensajero Quan
Yin que esperara un poco para que pudiera tomarme otra fotografía,
Pero el resultado tampoco satisfizo mis expectativas. No obstante,
los iniciados presentes dijeron que estaba hermosa. Comparándola
con la foto anterior a la iniciación ¡encontraron que
realmente lucía algo diferente! Entonces rieron y dijeron:
¡La Maestra te ha hecho cirugía, tanto por dentro
como por fuera y te ha vuelto una persona totalmente diferente!